Jesucristo y Éste Crucificado

 

Predicando a Cristo Crucificado

1 Corintios 2:1-5
Cuando fui a vosotros, hermanos, proclamándoos el testimonio de Dios, no fui con superioridad de palabra o de sabiduría,  pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y éste crucificado.  Y estuve entre vosotros con debilidad, y con temor y mucho temblor.  Y ni mi mensaje ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder,  para que vuestra fe no descanse en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Mientras Pablo estuvo en Corinto por primera vez en su segundo viaje misionero, y después de predicar en la ciudad de Atenas donde su mensaje tuvo una respuesta desfavorable, se encuentra aquí recordando aquella ocasión y dice que no fue con superioridad de palabra o sabiduría.

Los Corintios, siendo parte de una ciudad muy importante en la cultura griega, amaban la elocuencia de los oradores y la sabiduría que había en tales discursos, sin embargo aquí Pablo hizo todo lo contrario a lo que los Corintios deseaban oír. Se deshizo de la elocuencia y la sabiduría propia y propuso no saber nada entre ellos para así poder concentrarse y predicar solamente el Evangelio de Cristo.

Veo con tristeza como en el cristianismo actual, estos deseos de ser elocuente y aparentar sabiduría han crecido en lugar de disminuir. Veo como los predicadores se preocupan más por que les presten atención a ellos que a Cristo. Me duele en lo más profundo de mi ser escuchar a predicadores que creen que predican la Biblia, usar el púlpito para dar sus ideas personales, su tradición denominacional, o acusar sutilmente a las ovejas por su pecado. Estoy harto de escuchar sermones sin sentido, o sermones llenos de moralismo donde Cristo no está presente y ni siquiera es mencionado.
Dime tú: ¿Cómo puede haber un sermón cristiano en el que no esté Cristo?

Charles H. Spurgeon dijo una vez: “¿No hay Cristo en tu sermón, caballero? Entonces vete a casa y nunca prediques de nuevo hasta que tengas algo que valga la pena oír.

Cuando Cristo llama a alguien a que proclame el evangelio, esa persona debe dedicarse completamente a ese ministerio. Cristo no ha llamado a predicadores para que opinen sobre política, sobre situaciones actuales, sobre sus sentimientos o perspectivas respecto a algo. Los ha llamado a que prediquen a Cristo y a éste crucificado. El Evangelio de la Gracia de Cristo, el Evangelio que es PODER de Dios para salvación, está es la manera en la que Dios ha determinado salvar a los pecadores.

Predicador, la iglesia no necesita oír lo que tu crees que debe oír, tampoco lo que tu piensas que es importante que escuchen. La iglesia necesita escuchar el Evangelio de Cristo, la predicación bíblica, la que exalta al Salvador que es nuestro Señor Jesucristo. Dios habla a través de Su Perfecta Palabra. ¿Cómo pretendes tu creer que puedes decir algo mejor que lo que en ella se encuentra?

Basta ya, volvamos a la Biblia. Corramos a Cristo y quedémonos ahí. Es tiempo ya de terminar con esta predicación sin sentido y enfocarnos en Cristo y su Evangelio para que nuestra fe no descanse en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios.

S.D.G.

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